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Posts Tagged ‘peratallada’

Dalí regaló a Gala en 1971 un castillo renacentista en la diminuta villa de Pubol en Gerona. Este castillo, dedicado y pensado para el disfrute de la musa del genial pintor catalán, es la metáfora del Bajo Ampurdan. Ese desconocido e inspirador interior del norte de Cataluña.

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La quietud de su ubicación, elevado silencioso entre campos de trigo de intenso verdor y salpicado por masías ocres, nos devuelve la sencillez y el reposo de unas tierras donde el tiempo transcurre cadencioso y juguetón, aprovechando los rayos de sol en este cielo azul intenso, turquesa como el agua de una costa brava y salvaje, luminosa y tímida, como una cala entre pinares, como una roca asomada entre la espuma de las olas del Mediterráneo.

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Y en este castillo, entre paredes recias como la germánica Gala, deambula el espíritu burlón del genio de bigotes, como si en cada pueblo de estas tierras hubiera un homenaje a los elefantes de patas desproporcionadas de su jardín, a las Cariátides de sus fuentes y las cabezas de Wagner acumuladas a los pies del agua repiqueteando.

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Como si de esa manera contempláramos el paisaje apolíneo y llano de estos parajes silenciosos, salpicados por la belleza infinita de sus pequeños pueblos medievales, de sus playas escapando del turista veraniego, de sus rincones exquisitos y aristocráticos; como el dibujo de su matrimonio mas célebre, tan necesitado del espacio para el deseo, para la ensoñación. Como si en cada paso que recorremos en este lugar necesitáramos volver para quedarnos tal vez, para echarlo de menos.

Peratallada ni siquiera es un pueblo, solo un conjunto medieval. Forma parte del municipio de Forallac y es un magnifico recinto amurallado lleno de encanto. Sus calles de piedra irregular nos devuelven a la Edad Media. Caminamos entre casas señoriales adornadas con faroles encendidos en marrón, carteles de colores que anuncian exquisitos restaurantes con patios de cuento, abigarrados en su decoración; entre las cerámicas de terracota de la vecina Bisbal y los azules de muñecos que juegan con mesas cuidadosamente abandonadas en un rincón bañado por una fuente escondida. Como si nadie hubiera ahorrado detalles en una armonía colorista y decadente. Plazas coquetas que nos regalan balcones renacentistas, como si el espacio se llenara de princesas etéreas, como si la civilización aun esperara cansada por venir aquí.

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Hay tiendas de decoración, galerías de arte, puestos gourmets y vendedores ambulantes. Hay silencio y una cálida luz que anticipa el mar. Hay descanso.

En Monells, los arcos de su casco antiguo serpentean junto a un elegante y poco bullicioso río que nos lleva hasta su plaza principal. Un magnífico ejemplo de estructura medieval maravillosamente conservada. Antigua sede de un importante mercado de la comarca, es orgullo aun de los parroquianos.

La estampa invita a sentarse a observar y a escuchar el silencio, a disfrutar el aperitivo con una coca de verduras o anchoas, botellín en mano; a subir hasta su parte más alta para contemplar la llanura, esa estampa ligeramente adornada por la brisa que nos adormece los nervios.

Uno puede acercarse hasta Pals y visitar su imponente Torre de las Horas, un ejemplar del románico catalán de planta extrañamente redonda y subir hasta el Mirador del Pedró desde donde observar su trazado medieval salpicado de ventanales góticos y arcos señoriales. El recorrido, siempre en sentido ascendente, tiene el premio de la armonía de sus calles, perfectamente cuidadas, en un paseo donde el regalo final es la contemplación de la costa al fondo, con ese magnífico paraje para los buceadores que son las enigmáticas Islas Medes; con sus islotes dibujados altaneros contemplando la belleza desde la distancia.

Ya en la costa, desde la villa marinera de Calellla de Palafrugell, caminamos junto a su encantadora playa urbana salpicada de chiringuitos con las brasas humeantes del pescado regalándonos el olfato. Serpenteamos hasta descubrir las calas junto a Begur. Aiguablava entre pinares y burguesas residencias adornando su silueta, Sa Riera y Sa Tuna, la hermana pequeña, con sus barcas  de  pescadores de colores , devolviéndonos el recuerdo de Port Lligat donde Dalí dio rienda suelta de nuevo a su genio y su locura, imbuido por esta ausencia de tiempo o este viento alocado en la costa que revuelve las mentes.

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De subida a Begur hasta su imponente castillo, en un paseo de historia repleto de casas de indianos; de aquellos aventureros catalanes que hicieron fortuna en América y dejaron testimonio aristocrático de sus costumbres en aquellas tierras, de esa opulencia exagerada y colorista que nos regala esta villa entre sus muros.

En la masía en la que descansamos  repiquetea el agua en una fuente retorcida de colores, regalo nos cuentan de un escultor de la zona que dedicaba su vida a hacer butifarras caseras. Genio y estampa de estas tierras, entre las tripas de sus arcillas y la paleta de colores del mar entre los pinos. Como si Dalí, sentado en una butaca imposible y en medio de los trigales mordiera entre carcajadas un bocadillo de salchichón. Como si lo hiciera en una foto para siempre. Inmutable.

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Ahora que termina este 2012, un pequeño apunte de ocho pueblos mágicos de nuestra geografía donde despedirnos o donde no deberíamos faltar en 2013.

Albarracín (Teruel) Enclavado en la sierra que le da nombre, este maravilloso pueblo de Teruel, de muros rojizos con entramados de madera, es mezcla de un enclave privilegiado en el istmo del río Guadalaviar, con un precioso casco histórico de calles de piedra  para recorrer  a pie. Elegido pueblo más bonito de España en 2010 por más de cuarenta expertos, está propuesto para ser considerado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

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Una inigualable mezcla de arquitectura, historia  y naturaleza que nos remite a ciudades de cuento como Sintra en Portugal o los pueblos de la Toscana italiana

Urueña (Valladolid) Amurallado pueblo medieval en la comarca de Tierra de Campos en Valladolid, que ha dedicado sus calles a la perpetuación del libro, siendo la única Villa del Libro existente en España. Decenas de librerías a cual más coqueta salpican sus muros, en un ambiente idílico, a descubrir dentro de una increíble muralla.

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Peratallada (Gerona) Pueblo medieval en el corazón del Bajo Ampurdan gerundense donde aun pueden visitarse casas conservadas desde el siglo XV y XVI.

Un retorno a la Edad Media en este encantador pueblo enteramente de piedra, repleto de restaurantes coquetísimos y galerías de arte cuidadas al más mínimo detalle. Muy cerca se pueden visitar Monells con sus preciosos arcos y Pals en la misma línea de pueblos medievales con encanto

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Castrillo de los Polvazares (León) Visitar Castrillo es perderse en un tiempo de calles recónditas con casas de piedra y arcilla rojas, salpicadas por los vivos colores de sus portones y ventanas. Dentro de la Comarca de la Maragatería en León y a pocos kilómetros de la modernista Astorga, es obligatorio parar en alguno de sus restaurantes a comer su famoso cocido maragato; ese que sirve al revés.

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Arties (Lérida) En el corazón del Valle de Arán, este elegante pueblo del pirineo leridano, anclado entre montañas a más de 1000 metros de altitud, nos regala casas señoriales en un paisaje de cuento, junto al cristalino río Garona. Con un caso urbano de piedra donde aun pueden visitarse restos del románico catalán, Arties es punto de partida perfecto para los amantes del esquí (Baqueira Beret y la Bonaigua se encuentran a pocos kilómetros) y de la montaña (el parque Nacional de Aiguastortes y la Artiga de Lin) están a pocos kilómetros de allí

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Deia (Mallorca) Enclave mágico el de este pueblo mallorquín a los pies de la Sierra Tramontana y bañado por la luz del Mediterráneo. Refugio de innumerables artistas a lo largo de la historia, sus muros han cobijado desde a Robert Graves a Anaïs Nin pasando por músicos como Mark Knopfler o Mick Jagger  Construido sobre una colina y respetando el sistema de acequias árabe, sus calles son una mezcla de colores terrosos entre olivares y calas de aguas turquesa .Pasear aquí, aprovechando la brisa del mar, se convierte en una experiencia casi mística

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Ochagavía (Navarra) A los pies de la selva de Irati, este pequeñísimo pueblo de Navarra fue escenario de la maravillosa película de Montxo Armendariz “Secretos del corazón”. Enclavado en el Valle del Salazar, sus calles empedradas y sus caseríos majestuosos nos transportan a un entorno de montaña lleno de brumas y magia. A escasos kilómetros, el bosque de hayas y acebos más bonito de España.

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Fuenterrabía (Guipúzcoa) Pasear por el Barrio de la Marina es un auténtico privilegio para los sentidos en este pueblo guipuzcoano colindante con Francia, en el que sus casas de balcones de madera se engalanan con flores durante todo el año. La costa cantábrica baña sus señoriales palacetes del siglo XVII y XVIII anticipando una ineludible visita al País Vasco Francés en sus hermanos Biarritz y San Juan de Luz

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