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Archive for 2 octubre 2012

Mi abuela contaba cuentos como si fueran coplas. Imagino que porque tenía el alma andaluza y cuando recitaba, los demás nos poníamos a llorar. Mi tío, que era su primo y había nacido en Olvera, los cuentos le salían poesías que nadie entendía, porque eran cuentos cultos, pero los leía con una voz enorme de sabio de portal, de niño con pantalones cortos.

A mi mujer los cuentos le brotaban a pucheros, para defenderse de siete hermanos antes. Incluso un amigo inventó una vida llena de cuentos que descubrimos tarde.

Estamos rodeados de cuentos y de adorables cuentistas. El tipo que deambula por el tren en el que viajo al trabajo inventa uno diferente cada mañana; como si no le escuchara siempre la misma gente.

En el cine y la literatura los cuentistas siempre fueron menores. El Albert Finney de Big Fish no parecía mejor héroe que cualquier Batman y el Ed Wood de Tim Burton no dejaba de resultarnos ridículamente tierno.  Un maravilloso charlatán

Tengo un amigo que utilizaba los cuentos de Jorge Bucay para ligar por internet y no le iba mal y alguno que otro dice entender ese cuento de Borges que se llama Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, que a mí siempre me parece para muy inteligentes.

Hay grandes contadores de cuentos, enormes  en comparación a sus novelas. Heinrich Boll es un increíble cuentista al que adoré hasta que supe que Zubizarreta,  el portero del Barca, había escrito una tesis sobre él. Y es que yo  no he podido olvidar aquel gol del Mundial con Nigeria.

Música para Camaleones de Capote es mucho más divertido que A Sangre Fría o que Desayuno en Tiffanys, incluso sale en alguna peli para dar pedantería a Almodovar. Y los Cuentos sin plumas de Woody Allen deberían ser lectura obligatoria solo por el hecho de reír.

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Todo el mundo con doce años tendría que descubrir los cuentos de Horacio Quiroga y querer viajar a la selva; o empezar por Billy Bud o Bartleby el escribiente antes de leer MobyDick. O saber que si escribir es reducir la expresión a su máxima simplicidad, Carver es el maestro de los maestros. Un cuentista maldito.

Hay cuentos maravillosos como el Lejana de Cortazar, que no exige tanto esfuerzo como leer del derecho y del revés Rayuela. O los cuentos de Allan Poe, oscuros y turbios. Quien no se estremece aún con El Pozo y el Péndulo?

Seda de Baricco es un cuento y El Alquimista de Coelho es otro más largo, como lo es el Sidharta de Hesse. Leer los cuentos de Kafka es de las cosas más raras que a uno le pueden pasar en la vida y quien haya leído las Historias de ciudades  de Enric Gonzalez sabe que los cuentos también pueden ser contemporáneos e ingeniosos; incluso su amigo Valdano se atrevió con cuentos de fútbol. Para todos los gustos.

Es verdad que en cada uno de nosotros hay un contador de cuentos más o menos reconocido, un inventor de fantasías que mostrar al público. Un constructor de historias. El talento y la gracia, desafortunadamente, es lo que no viene de serie.

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