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Archive for 30 septiembre 2012

En el corazón del maravilloso Barrio de las Letras de Madrid, existe una de las mejores escuelas de nuestra ciudad. Hablo de escuela, en el sentido de lugar que permite el descubrimiento, que dispara vocaciones, que consigue que disfrutemos del magisterio de los que más saben, que es honesta y se guía solo por principios  docentes, que hace que nos sintamos orgullosos de haber acudido a ella.

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En La Factoría del Guión se enseña a escribir y a amar el cine. En su única clase, habilitada de manera informal, ambos se tornan en propósitos románticos y un tanto alejados del tiempo que les tocó vivir. Quiero decir, que esta escuela poco tiene que ver con la gran industria del entretenimiento en tres dimensiones o los super efectos especiales; ni siquiera con escuelas de otras ramas dotadas de medios interactivos y métodos del caso. En la Factoría todo es más sencillo.

Alrededor de una mesa circular, alumnos que quieren conocer los secretos del guión de cine o de un capítulo de televisión, que les gustaría un día llegar al corazón de la gente con un cuento genial o un misterioso acertijo. Aprendices de contadores de historias. En el centro, un maestro, un tipo cargado de talento y sentido del humor, un profesor encantado de transmitir ideas, de legar un criterio, una forma de hacer; emocionado con encontrar magia en las historias de sus alumnos; esforzado en buscar recovecos para que esas ideas lleguen al público.

Hay diferentes tipos de cursos; desde monográficos, hasta cursos superiores de mas de un año. Desde talleres de improvisación para actores hasta diplomaturas de guion para trabajar en el cine. Todo se hace en La Factoría de un modo artesanal, como si en Madrid recuperásemos para el aprendizaje los hornos de pan o las lecherías. Como si lo importante fuera solo la inspiración, un lápiz y un papel.

En La Factoría es obligado desnudarse , escribir tras cada clase y luego leer, delante de todos, expuesto a las opiniones de los demás, despojado de mentiras, a la espera del veredicto del compañero. Y es un método que cuesta pero a la vez engancha. Una forma de enseñar que se basa en el respeto de todo lo que se cuenta; porque cada historia es parte de una vivencia o de un imaginario personal y eso democratiza las opiniones, engrandece la enseñanza, enriquece los puntos de vista. En La Factoría no hay nada más ni nada menos.

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Cada viernes además, se proyecta una película, en la misma sala de clase, con una pantalla desplegable y sillas de madera. Con ganas de aprender. Esa película es el hilo de enseñanza para la siguiente semana, tal vez el motivo sobre el que escribir. Sin más. En la Factoría no hay dolby surround, ni palomitas. Solamente hay cine. Solo el iniciático momento de una sala apagada e historias que ver.

Y hay como decía, enormes maestros, como su director Pedro Loeb, un guionista y director argentino tan talentoso como cálido, exigente como el que mas,  punzante e ingenioso sin estridencias, acariciador en la palabra , inspirador y admirable. O Fermín Cabal, el dramaturgo provocador y desordenado, repleto de erudición, de socarronería , de método.

La Factoría es en resumen lo que uno cree debería ser siempre una escuela; un punto de encuentro para desarrollar habilidades, para educar la sensibilidad, para descubrir un discurso vital, para crecer.

Solo puedo decir que La Factoría del Guión es un lujo para nuestra ciudad.

http://factoria-del-guion.blogspot.com.es/

SAN JOSÉ 3, ESQUINA HUERTAS,

BARRIO DE LAS LETRAS, MADRID.

(METRO ANTÓN MARTÍN)

Tel. 91 420 3405

Móvil 685 898 329

info@factoriadelguion.com

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Aprovechando que septiembre es el mes de los nuevos propósitos, hace unas semanas decidí que quería ser cool.

Ya sabéis, estar in, ir a la última, no desentonar, esto es “molar”. Ser un tipo nuevo.

Como dudaba de mi capacidad de conseguirlo por mi mismo, hablé con mi amigo Mauro y planeamos una serie de días de training. Mauro me dijo que al fin y al cabo ser cool en Madrid era un poco más fácil que serlo por decir algo, en Úbeda, donde uno no puede pasar de ser “raro”, provocador, cultureta o gafapasta,   así que aprendí la primera lección “Ser cool en Madrid es muy cool”.  Que alivio!!!

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Mauro decidió que para empezar debía cambiar un poco mis hábitos. Comer menos, hacer más ejercicio, no salir hasta el amanecer, abandonar ese constante humor sarcástico. Creo que Mauro se dio cuenta pronto que estaba ante una difícil tarea conmigo, pero he de decir que mi amigo puso toda su voluntad.

Aprendí que la primera regla para ser cool es sentirse a gusto con uno mismo; orgulloso de haberse conocido vamos y que partiendo de ahí todo se transmite a los demás con flow, sin zancadillas.

El sentirse a gusto con uno mismo, que es algo tan original como la definición que haría Carmen Lomana de la elegancia,  debe someterse a duras reglas de constatación y es por ello que entendí haríamos muchas de las cosas que ahora explicaré.

“Ser cool no es gratis” decía Mauro. “Ser cool se trabaja”.

Empezamos por unas lecciones básicas de vestimenta, que he de decir me resultaron bastante divertidas, aunque extrañas a la vez.

Mauro decidió que debía jubilar a la hora de trabajar mi traje de Massimo Dutti negro y mi corbata de regalo de reyes de Loewe y cambiarla por camisas blancas de gemelos y dos americanas azules con ribetes en los ojales. Pronto me di cuenta que inevitablemente lo de ser cool no me iba a salir del todo barato, pero que las tiendas donde fuimos a comprar olían muy bien, así que decidí no preocuparme demasiado.

Conocí una tienda que se llama El Ganso, que inventaron unos tipos de Majadahonda y otra que se llama Hackett que dice Mauro puso de moda Marichalar hace un montón de años y empecé a empaparme de mi nueva condición.

Tuvimos que comprar un par de pantalones chinos para combinar con las chaquetas y un par de zapatos de ante , mas unas zapatillas de loneta azul,que yo pensé ya las llevaba Miliquito cuando el Vip Noche, pero en fin tampoco quise preguntar demasiado y menos reírme, por eso de evitar el sarcasmo.

El caso es que en el curro el tema calo bastante, al menos la primera mañana; alguna compañera me dedicó algún que otro piropo, otras preguntaron por mi corbata en algo que a mí me pareció de un sarcasmo nada nada cool y el caso es que gané en seguridad al menos  unos dos días, ya que el tercero apareció el becario que se parecía a un tal Velencoso, que yo pensaba que era un cantante brasileño y nadie me volvió a hacer ni puto caso.

Lo de la vestimenta fue también divertido para salir por la noche. Mauro me recomendó que me comprara una sudadera. Lo habéis leído bien, una sudadera con capucha. Yo no entendí como iba a ganar seguridad con algo así, hasta que llegué a Brooksfield.

Todo lo que gané en seguridad con mi sudadera azul de capucha y esas letras para que nadie tuviera duda donde la había comprado, la perdí de golpe en mi tarjeta de crédito. 170 € y la confianza por las nubes.

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“Tú querías ser cool” decía mi amigo. “Pues ni una nota de ironía, !!!seguridad coño!!!”

Concluí  con Mauro que dado que el desembolso empezaba a tocarme ligeramente la autoestima, estuviera  donde estuviese  en mi anatomía, utilizaría mis dos pares de vaqueros de siempre para combinarlos con mi nueva adquisición y que las preciosas camisetas blancas a la caja de cuello impoluto para llevar bajo mi Brookesfield, no pasarían en ningún caso de 20 €,, así que fuimos a comprarlas a HM y Zara que también descubrí eran sitios muy cool por eso del contraste.

Decidido a la idea de ser un hombre nuevo, un peluquero amigo de Mauro vino a cortarme el pelo a su casa y me dio forma a mis incipientes entradas como si fuera el hermano mayor de los Jonas Brothers y en fin también me aconsejó utilizar una crema de noche para las patas de gallo , que se me habían formado del sarcasmo de mi antigua vida.

Con estas, y tras haber sustituido los partidos de basket y de fútbol siete en campo de hierba, por varias sesiones de body combact en un supergimnasio rodeado de famosos, yo estaba dispuesto a salir y disfrutar de mi nueva condición de tipo cool con autoestima, con pantalones pesqueros, zapatillas de goma y tres o cuatro quilos menos,fruto de mi dieta de un único plato de vegetales y cakis,  con queso fresco por la noche.

Así que aquel primer jueves tuvimos un buen plan con Mauro, un plan in de verdad.  La idea era hacer un afterwork en un garito de Madrid con sus compañeros cool de curro.  Pronto descubrí que las reglas del afterwork se reducían a seis premisas básicas la más de raras

Regla 1- Nadie bebe más  de una copa

Regla 2-Todo el mundo se retira en el momento en que uno parece que va a divertirse.

Regla 3-La excusa para retirarse debe parecer de lo más misteriosa y criptica, tipo “Lo siento me están esperando”, o “perdón tengo  otro compromiso”

Regla 4-Nadie demuestra tener hambre o similar

Regla5-Todo el mundo pide que no se hable de curro pero todo el mundo lo hace

Regla 6-Nadie parece querer acostarse con nadie

He de reconocer que tuve que sufrir agarrado al cordón de mi Brookesfield durante los dos primeros días, pero ahora que ya le he cogido el truco puedo asegurar que me empieza a resultar hasta divertido. Alguna vez incluso he fantaseado con seguir a los amigos de Mauro tras la excusa de turno o en llevarme panchitos y tirarlos al aire como los adiestradores hacen con los boquerones y los delfines, pero Mauro tiene una mirada que acuchilla. Eso si, he conocido un montón de peña que hace corporate finance y anuda más deprisa que yo su sudadera

El caso es que uno estos días después del afterwork a un amigo ligeramente sarcástico se le ocurrió ir a cenar y entonces descubrí, El Gastrobar.

Para los que no lo sepáis, el Gastrobar es también un sitio imprescindible para ser cool de verdad. Es tan imprescindible y tan cool que posiblemente en Ubeda estén ahora mismo montando uno.

A mí me llevaron a uno que se llama Le Cabrera. Los gastrobares tiene también algunas características que los hacen especiales; a saber.

  1. Es difícil encontrarlos de cojones, porque el minimalismo cool ha hecho que el letrero en que se anuncia el garito casi ni se vea. Si le añadimos una entrada pequeña y angosta, ir de gastrobar es casi como ir a una rave clandestina pero con sudadera
  2. Sentarse es imposible. Los gastrobares suelen tener una barra de diseño moderna con sillas incomodas de huevos, donde te cuelgan los pies como a Rockefeller, el muñeco de José Luis Moreno. Eso, si te sientas , porque los gastrobares se han vuelto tan famosos y tan cool que normalmente uno debe conformarse con que la Brookesfield de su compañero de al lado huela menos que lo que sirven en la barra
  3. En los gastrobares se come poco o casi nada. Si uno va con un grupo de amigos de seis personas por ejemplo, en la mayoría de los casos de seres humanos normales, el 99% de la gente llegará a casa soñando con un whopper con doble de pepinillos, que ya hay que tener ganas de soñar. Eso si, la comida es cojonuda, cada bocado es un deleite de sabor y además no engorda, como los cakis.
  4. En los gastrobares se paga un poco menos que por la Brookesfield, pero uno siempre sale diciendo” es la mejor patata brava que comí en mi vida”, o “es la mejor cucharada de risotto que probé jamás”, o “no he podido dejar hueco para el postre” que yo pregunté a Mauro si era sarcasmo o no, porque ya he empezado a no distinguir.

En este gastrobar en el que yo estuve con los amigos de Mauro, tienen también una zona separada para tomar cócteles cojonudamente presentados de los que claro, solo puedes tomar uno para no desentonar. Lo bueno es que hay sillones para hablar tranquilamente, donde te llevan las patatas bravas con forma de prisma a la mesa y todas las mesas parecen enormes por lo pequeñas que son las patatas.

Además las paredes están decoradas con papel de pared de los de los años 60 y a mi recordaron a la habitación de mi abuela, con sus flores rosas y sus pájaros. Ah, en estos gastrobares nadie parece querer acostarse tampoco con nadie y además los camareros visten del Ganso.

Así que tras unas semanas metido en el mundo de lo chic y lo cool, andaba yo casi transformado en una nueva persona, cuando conocí con Mauro el templo de lo cool de nuestra ciudad, aquello que me hizo plantearme lo bueno que seria que empezase ya la Champions para quitarme mi sudadera y saltar al campo, aquello que me devolvió a  la vida de un ostión : El Pianobar o  el Toni2, ese garito de Chueca.

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Caímos a las 2 de la mañana por casualidad, tras una hora esperando para cenar en el gastrobar y una copa larga bien saboreada en nuestro afterwork de fin de semana.

“No te lo puedes perder” me dijo Mauro. Aquí sí que hay que dejarse ver.

No soy capaz de recordar exactamente que esperaba, ensimismado antes de cruzar la entrada de este templo de la modernidad. Sé que los quince euros de peaje me parecieron ridículos metido en mi nueva condición, que en uno de los porteros de la entrada creí adivinar mi traje de Massimo Dutti tan lloroso en mi armario. Nada importó.

Yo estaba en el Toni2 con mi amigo Mauro y en ese momento supe lo que era ser moderno, y pensé en Úbeda, y en los cakis y en el bodycombact y en las patatas con forma de prisma y en mi sudadera, claro. Todo me había llevado hasta allí y por fin lo había entendido. El sentido de ser moderno era mamarse en el Toni2 y caer rendido delante de aquel antiguo piano, bajo aquel espejo dorado que ya no era capaz de devolver las imágenes del bar, como los espejos del callejón del Gato de Valle Inclan, pero solamente allí, rodeado de otras sudaderas como la mía, de las mismas gafas de pasta, de los mismos flequillos de peluquería particular.

Había tardado un mes para que Mauro me descubriera su secreto y el de sus amigos de afterwork, que ahora reían y cantaban como poseídos canciones de doña Concha Piquer; pero por fin había conseguido ser cool y no había sido consciente hasta entonces. Allí cantando por el Puma, había llegado al final.

Pedí seis whiskis y Mauro y yo salimos cogidos de los brazos cantando la Campanera, hablando de Manolito Gafotas. Conocí a Carmen, de 70 años, rubia de bote, moderna como la que más, mamada como un piojo y a Pablo que había sido hippie y tenia dentadura postiza y esta vez sí que quería follar, y descubrí un montón de gente de mi empresa desbordantes de alegría como yo, liberados pensé o no, y mirándose a los ojos de aquella manera.

Y así, sin darme cuenta, llegue hasta mi casa andando, resbalando victorioso.

Os confieso que sin saber por qué había roto el cordón de mi sudadera, imagino que de un ataque de modernidad, de mi sudadera Brookesfield de 170 €

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Cuando decidimos viajar a FranciaParís aparece en nuestras cabezas como destino ineludible. La magia de la ciudad romántica por excelencia, es objeto de innumerables desplazamientos ya sea en un corto viaje en avión o incluso en una escapada con parada en la frontera, en la Costa vasca o el Pirineo catalán

Posiblemente, los Castillos del Loira o la Costa Azul, supongan para más avezados viajeros el siguiente destino en interés; los Pirineos o los Alpes atraen a montañeros y amantes de la naturaleza y los deportes de invierno; incluso el País Vasco Francés, por cercanía, nos puede llevar a descubrir su señorial costa, en lugares tan atractivos como Biarritz o San Juan de Luz.

Existen sin embargo otras regiones en Francia, casi desconocidas por el turista español, que guardan innumerables atractivos y tesoros.

El Charente está situado entre las demarcaciones de Aquitania y Paises del Loira, al oeste de Francia, y tiene en su zona central, la denominada Poitou Charentes, una  amalgama de lugares de interés que bien merece una escapada de tres o cuatro días.

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Angouleme, primer punto de interés de sur a Norte desde España, es la capital del departamento de Charente y es conocida por ser la capital mundial del comic. Sus muros recogen innumerables muestras de obras de los más prestigiosos dibujantes de este “arte menor “ y sus museos del comic , dividido en dos edificios y una increíble biblioteca hará las delicias de los aficionados a esta disciplina.

Angouleme es además una preciosa ciudad coqueta y distinguida, repleta de iglesias románicas entre la que destaca su maravillosa Catedral del siglo XII, la catedral de Saint Pierre, que fue restaurada espléndidamente en el siglo XIX o la iglesia de Saint André  que constituyen el primer ejemplo de la sobresaliente ruta románica que esconden estas tierras.

En Angouleme, el tiempo transcurre despacio entre recoletas plazas salpicadas por cafés coloristas donde se degustan exquisitos pasteles de chocolate, especialidad también de la ciudad; calles empedradas y los restos de un recinto amurallado de origen romano que permite asomarnos desde sus contornos a la silenciosa estela del rio Vienne.

Además, como en otras muchas ciudades francesas su Hotel de Ville es de una majestuosidad admirable y nos permite tomar constancia de que estamos ante una región repleta de buen gusto.

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En ruta hacia el norte, nos adentramos en el departamento de Vienne, el corazón del románico Francés;lo que podría ser la réplica de nuestra meseta palentina en Castilla. La capital de Vienne es Poitiers , que nos recibe con la majestuosa Iglesia de Notredame del siglo XI, muestra esplendorosa del románico francés que alberga en sus fachadas, profusamente esculpidas, la historia de la Biblia desde los primeros apóstoles hasta la muerte de Cristo. Su apabullante portada es bañada por un fastuoso juego de luces las noches de verano en un espectáculo lleno de encanto.

Recorrer Poitiers es recorrer el resto de sus innumerables iglesias románicas en un paseo inusualmente tranquilo y arrebatador. En Poitiers, para llenar de contrastes la experiencia, se encuentra también el parque de Futuroscope, un parque temático dedicado a la imagen, la luz y el sonido, con atracciones espectaculares  que van desde simuladores de 3d, pantallas de 360 grados, experiencias interactivas etc. Un parque temático diferente, sin montañas rusas ni muñecos animados pero que hará las delicias de cualquier viajero inquieto.

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A 50 km hacia el este de Poitiers, en dirección al Valle del Loira es obligatorio detenerse en la abadía de Saint Savin. Declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1984, alberga el mayor conjunto de pinturas románicas de Europa.

Entrar en la denominada Capilla Sixtina del Románico es sencillamente abrumador. La abadía del siglo XI, llamada también la abadía de las mil columnas, es un templo de enormes proporciones, de estilizadas columnas que sostienen una esplendida bóveda románica

Sin embargo más allá de su valor arquitectónico, el visitante queda con la boca abierta desde que accede a la iglesia por el valor de sus frescos. Conservados espléndidamente por la intervención del escritor Prosper de Merimee en el sigloXIX (se encargó personalmente de supervisar las obras de conservación) recogen la historia del Antiguo Testamento con una riqueza de detalles epatante.

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Es difícil describir las sensaciones al observar pinturas cargadas de cromatismo y vivacidad con más de diez siglos de antigüedad; la magia de pasear bajo muros repletos de obras maestras como si uno pudiera recrear aquellas historias que tantas veces escuchamos en el colegio, des de la historia de Adán y Eva, pasando por la construcción del Arca de Noé o el levantamiento de la torre de Babel. Un autentico espectáculo para paladares sensibles.

Recuperados del impacto del tesoro descubierto, uno debe acercarse a la ciudad medieval de Chauvigny y recorrer sus calles empedradas y los restos de los cinco castillos que conforman su ciudad amurallada. Observar esta pequeña comuna según empieza a caer la noche , con la puesta de sol tras los muros de piedra y los cernícalos volando en bandadas tan armoniosas como la silueta del pueblo, es de una belleza incalculable.

Si aún queda tiempo no debería el viajero dejar de disfrutar de la aristocrática ciudad de Chatellerault , con su impresionante castillo, anticipo de una visita más amplia al territorio del Loira; o del maravilloso pueblo medieval de Confolens con su increíble puente de piedra y sus coquetas calles o simplemente disfrutar del salvaje verdor de sus tierras bajas y viñedos al ser posible acompañado de la mejor música clásica en el coche.

Dos consejos:

  • No dejar de probar el pineau de Charentes, un licor dulzón de la región que mezcla cointreau con mosto. Maravilloso para acompañar postres, los franceses lo toman con melón
  • Para darse un capricho hospedarse en el Chateau de Nieuil a 40 km de Angouleme. Reproducir la sensación de dormir en un castillo  rodeado de un hermoso bosque privado y con un trato señorial. Maravillosas vistas, relax absoluto y un muy buen restaurante gastronómico

http://www.chateaunieuilhotel.com/

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Alguien me preguntó el otro día.

¿Si pudieras volver a una ciudad de las que conoces, cual elegirías?

No vacilé, sin duda, Buenos Aires . Ahí van mis catorce razones

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  • Por sus taxistas expertos en fútbol y en política; por la posibilidad de disfrutar de enciclopedias deportivas en trayectos de 20 minutos. Porque todos son de Boca y lo consideran el único equipo de fútbol del mundo
  • Porque tras cada bonaerense hay una historia insólita derivada de la locura de sus políticos. Corralitos, persecuciones ideológicas, sueños cumplidos y rotos en un día. Porque uno no sabe que parte es cierta de todo lo que cuentan. Porque al menos han sobrevivido a ello.
  • Porque nos adoran.Porque un conductor de colectivo me llamo maldito galleguito pues estuve a punto de destrozarle la máquina expendedora de billetes, con mi sola torpeza. Porque yo acababa de subir al autobús y no había abierto la boca. Porque se rió.
  • Porque todos tienen el sueño de viajar a Europa y a la madre patria
  • Porque Palermo es cool y alternativo pero mantiene su esencia gaucha
  • Porque la Avenida Corrientes me recuerda a la Gran Vía, cuando aun había cines y papeles por el suelo.
  • Porque se comen las mejores pizzas del mundo en las pizzerías más feas del mundo
  • Porque en las tiendas aun venden teles con culo, y minicadenas.
  • Porque Puerto Madero parece un engendro prefabricado ante la autenticidad del resto
  • Porque el mito de la carne Argentina es cierto. Ir a La Cabrera es el mayor placer gastronómico para un verdadero carnívoro.  http://www.parrillalacabrera.com.ar/
  • Porque sus calles con arboles me recuerdan a las de Madrid; porque Buenos Aires no es bonita, como mi ciudad.
  • Porque no pude ir a ver Caminito ni La Bombonera
  • Porque disfrute como un niño viendo una sesión de milonga de maduritos. Porque los señores siempre buscaban a la chica más guapa y joven
  • Porque adoran a Sabina
  • Porque quiero volver a  las aguas marrones del río de la Plata y visitar de nuevo Colonia de Sacramento en Uruguay
  • Porque no encuentro explicación para ello pero no dejo de desear volver, como en el tango.

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La máxima de “segundas partes nunca fueron buenas”, se cumple en bastante medida en el mundo del cine. Con honrosas excepciones (El Padrino II es  para muchos superior a su antecesora, el Imperio Contrataca lo es a La Guerra de las Galaxias), los remakes, continuaciones, secuelas, revisiones etc suelen dejar normalmente un regusto de deja vu falto de originalidad, de planteamientos repetidos, de pérdida de frescura.

Similar es el caso del segundo visionado de una película. Cuantas veces hemos vivido aquello de ver con alguien por segunda vez y por recomendación propia ese título que nos hizo reír o llorar, o sentir muy fuerte? Y cuantas veces la sensación no ha sido la misma, la expectación no se ha visto satisfecha ni para uno mismo ni muchas veces para quien nos acompaña?

Este fin de semana, experimenté la sensación contraria. Reconozco que soy de fobias poco explicables cuando de cine se habla. No soporto Pulp Fiction (confieso que porque no entendí el giro clave de la película-me lo explicó mi hermano), detesto American Beauty, me parece la peli más previsible y manida de la historia, aborrezco Abre los Ojos y Los Otros, casi todo Almodovar, El laberinto del Fauno, incluso me dormí viendo Ciudadano Kane y su pretencioso planteamiento. En esa lista, por la que muchos de mis amigos me crucificarían, tenía hasta el fin de semana otra fobia confesable que me separaba del resto de la Humanidad. La vida es Bella.

La primera vez que la vi, no soporté el numerito de circo de los treinta primeros minutos del Benigni feliz, su colorista enamoramiento, su chirriante buen rollo, su personaje de clon mediterráneo y bufón. Me pareció además que el guión se partía radicalmente en el momento de la detención y el traslado al campo de concentración y no volví a cogerla el pulso, a sentirla, a emocionarme sin más. Como de equivocado estaba!!!, pensé este domingo. La peli llevaba veinte minutos cuando me enganché, tirado en un sillón tras una comida ovípara. Mi primer pensamiento fue así. En diez minutos estaré dormido. Pero me equivoqué

De repente descubrí el Benigni surrealista e ingenioso cercano al Woody Allen más kafkiano (genial el diálogo con el hijo en el que tras leer el cartel en una tienda que prohíben el paso a Perros y Judios, le promete que ellos harán lo mismo con cerdos y visigodos), el inventor de ese descacharrante concurso para ganar un tanque, incomprensible a los ojos del niño, el maravilloso traductor de la llegada al campo,  el inventor de excusas imposibles con tal de proteger la mirada inocente de su hijo, el  piropeador constante de su “principesa” inalcanzable.

He de reconocer que había olvidado de tal manera la película que ni siquiera recordaba que Benigni moría justo antes de la llegada de los tanques aliados al campo. Que insensible diréis. Con toda la razón.

La cuestión es que al final tuve la sensación de lo cercana que estaba La vida es bella con una de mis filias confesables, la Big Fish de Tim Burton. Esos contadores de historias maravillosos, Benigni y Finney empeñados en hacer la vida de colores a aquellos que aman, esa luz alocada de los tocados por el ingenio, de los que no ven obstáculos ni en los peores momentos, esa capacidad de trasladar aquello para lo que el cine existe, hacernos soñar.

Así que he de decir que me alegro mucho de haber visto por segunda vez “La Vida es Bella”. Me evitará parecer repugnante a los ojos de muchos

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Rutas de Otoño

Apro­ve­che­mos el otoño
antes de que el in­vierno nos es­com­bre,
en­tre­mos a co­da­zos en la fran­ja
y ad­mi­re­mos a los pá­ja­ros que emi­gran.
Ahora que ca­lien­ta el co­ra­zón
aun­que sea de a ratos y de a poco,
pen­se­mos y sin­ta­mos
con el viejo ca­ri­ño que nos queda.
Apro­ve­che­mos el otoño
antes de que el fu­tu­ro se con­ge­le
y no haya sitio para la be­lle­za
por­que el fu­tu­ro se nos vuel­ve es­car­cha.

Mario Be­ne­det­ti

De Bodegas, Bosques y Valles. Logroño. La Guardia. El Ciego. Vitoria. Roncal. Irati. Salazar. Pamplona

Sean estas rutas ejemplos de aquellos lugares que las mezclas de colores nos traen a la memoria hasta cincearlas despacio, a ritmo de atardeceres rojizos y bosques amarillos

Logroño es la calle Laurel, escondida entre muros de piedra antigua, con su teatro de noctámbulos y gastrónomos, deambulando como elefantes de paso cansino. En esta calle no hay bares, son mas bien tabernas con adoquines entreverados. No es posible elegir porque el camino te lleva sin pausa, sin demasiado tiempo para cuestionar gustos ni preferencias. De las setas de temporada a las orejas de cordero, pasa el visitante por tintos jovenes y robustos reservas. En El Laurel se prohibe todo lo que no sea vino. La tierra obliga. Existe un lugar por especialidad y no conviene detenerse demasiado.La calle es angosta y húmeda, como un recuerdo fugaz del barrio más famoso de León. Como si no hubiese momento para estar en la calle. Una, dos, cinco, diez paradas, el estómago y el paladar marcan los tiempos y fuera nadie parece pendiente de nada, para no ensalzar más el angosto escondite de Baco. Para no dar pistas.

De mañana Logroño se levanta ojerosa, manchada y dulce. Hay ese algo de las ciudades pequeñas que se amodorran y echan a andar a balbuceos. A las diez, la gente llega al majestuoso mercado de abastos de gusto a antaño y puestos de colores. Su estructura de esqueleto en hierro contrasta con el verdor de las mejores verduras y frutas, de las setas en cestas de mimbre. Desayunar en uno de sus bares es una delicia para los sentidos, para el observador contagiado del rabioso ritmo urbanita. Se baja por el Barrio Viejo hasta la calle de los soportales, de balcones coquetos y vanidosos, entre arcadas para el paseo,hasta la plaza de la catedral, humilde y misteriosa, donde alguien juega al fútbol como si el tiempo hubiera parado. Bares de copas cerrados, la Casa de los corchos, mercerias y ultramarinos, como en otro siglo.

En dirección Vitoria, Laguardia aparece majestuosa tras su recinto amurallado, entre pavés y enotecas donde huele a queso y a ñoras vinaceas. Sale el sol entre un manto de lluvia delgada y asoma un arcoris recortado.

Ysios, la bodega cosmopolita que un día inventó Calatrava, se extiende futurista acogiendo el sol en su estructura juguetona y redonda. Los reflejos de la luz en su frontal metálico son como rayos afilados en un paisaje apolíneo  trufado de verde. La visita es didáctica, educativa, curiosa. Modernidad, diseño, vino.

Hay una colección de copas imposibles ensalzando los siete pecados capitales. Y Marixa, a la entrada del pueblo tras el aperitivo burlón de un vino de autor, es gula. Pochas riojanas, menestras caldosas, licor.

http://www.ysios.com

http://www.hotelmarixa.com


ElCiego es el reclamo de hoteles imposibles, bodegas con poderío y bolsillos sin costuras. En ElCiego hay una iglesia románica olvidada, que observa el hotel de colores de Frank Guery como quien admira a la chica más guapa, a aquella que todos miran extasiados. Parece que llevará allí diez siglos, temerosa y tímida, reclamando su papel, susurrando, y alguien quizá embobado, pasea por sus naves sin casi mirarla, como el tipo sin recursos que se empeña en mostrar brillo.

El hotel de Riscal http://www.hotel-marquesderiscal.com  tiene una falda rosa y coqueta en aluminio que es un tobogán para los sentidos,descendiendo entre álamos amarillos y vides de uva negra. No se puede entrar a visitar salvo reserva previa, ni siquiera pararse de cerca. Es tan hermoso y extraño que da escalofríos

En el camino musical hasta Vitoria todo son bodegas y cepas elevadas, más que en la Mancha. Santuarios de barricas entre la tradición y el ahora, pueblos construidos entorno a una industria. Uno no puede imaginarse hasta que punto La Rioja es vino y después, más vino.

Vitoria es una ciudad dividida, un barrio viejo, refugio antiguo de oficios ancestrales que dan nombre a sus calles (el cuchi, el zapa, el herre); un barrio estrecho , desollado y en obra continua, oscuro y amenazante, bohemio y político. De calles empinadas y una antigua catedral escondida y huidiza. De sombras y luces extrañas. Y es también una plaza, quizad la más hermosa de España, por diseño, por luz, por arquitectura, por amplitud, por vida, por una majestuosa presencia en honor a la Virgen Blanca y a la independencia del diecinueve. La Blanca, que así la llaman, se abre a un bulevar ordenado y elegante de plazas neoclásicas, bares de diseño y tiendas de marca. Al fondo, tras su colosal Plaza de la Independencia, la Catedral Nueva, como símbolo de la otra ciudad, impoluta, verde entre sus parques eternos, despejada tras una ducha de chirimiri.Moderna y optimista.  http://www.vitoria-gasteiz.org

El Camino hasta los Valles Navarros, sinuoso y entre nieblas, anticipa la impresionante belleza del monte, como dicen en esas tierras.

Saliendo de Pamplona, en dirección a Aoiz, las praderas amarillentas se empinan lentamente hasta el valle del Salazar y el Aezkoa. En este otoño mágico, la paleta de colores es inabordable; ocres, magentas, verdes apagados e intensos compiten con amarillos y marrones abriéndose paso a fuerza del viento cómplice de las hojas despojadas a las cunetas. Villas inaccesibles, imaginadas en inviernos inhóspitos, entre el único sonido de los arboles eternos y delgados, ávidos de luz.

En Orbaizeta, tras una selva inicial tupida y enigmática junta al Aezkoa se inicia el camino hasta Irati, el bosque mas hermoso de España. En este Octubre de líquenes cabezotas y setas incipientes adentrarse en cualquiera de sus senderos es dudar de la dirección y la intensidad de la luz, incapaz siquiera de atravesar la espesura de sus interminables arces y robles. Todo es mágico en Irati, el silencio, algunas gotas de lluvia pacientes colgadas de las hojas eternas de los pinos, balanceándose lloronas junto al caminar del viajero, los helechos salvajes y burlones acompañando los pasos del camino embarrado, hayas incontables, malvas solitarias entre tanta grandeza; la sensación de llegar al lugar perfecto en el momento mejor.

http://www.irati.org

Y a la bajada, en dirección al segundo de los valles, el Salazar nos regala Ochagavia, una villa de siglos atrás donde el tiempo no corre entre sus calles. Un puente de piedra ovalado atravesando un río pequeño y pedregoso junto a una Iglesia del Siglo XII, desde donde ya huele al humo de las chimeneas y a la textura de los geranios colgados de cada una de sus casas perfectas. Pasear arriba y abajo el curso del río Irati es recordar los juegos de los niños de Secretos del Corazón, la peli de Montxo Artmendariz, integramente rodada allí, como si el pueblo, al igual que en el cine estuviera lleno de misterios que no deben ser contados.    http://www.ochagavia.com

En el Roncal, uno entiende que no debe pensar que nada es mejorable porque la realidad testaruda suele vencer al poder de la sugestión.

Burgui es, desde la entrada de su frontón, una aldea de dos únicas calles y una plaza con vecinos sentados a la puerta de sus casas. Los geranios inundan cada uno de los balcones adornando la piedra mojada, celebrando su belleza en una increible quietud.En El Almadiero, la casa rural mas hermosa del puebl,o no cabe ninguno más y su portada merece la mejor de las fotos. Dentro, tras las ventanas se ve una chimenea ya encendida.


Roncal, famoso por sus quesos y por albergar la casa museo del tenor Julian Gayarre es sin duda uno de los pueblos mas coquetos de España. Sus calles de piedra irregular, asientan las verdes montañas del Valle pirenaico a los pies del río Ezka. A lo largo del pueblo, palacios y casas solariegas del siglo XVII y XVIII salpican majestuasamente el recorrido, dotando a este de una armoniosidad relajante. La Iglesia de San Esteban vigila la visita, altanera y maciza, matizando con la frialdad de su silueta el cálido recorrido entre cientos de recovecos y el único sonido del agua puliendo la roca en el río.

En Roncal se debe parar unas horas , comprar o degustar su queso de oveja de leche cruda latxa, el primero con denominación de Origen en España, visitar su Centro de Interpretación de la Naturaleza, pasear, respirar, mirar; pocos espectáculos son tan relajantes como el mero deambular por sus calles.

La mañana en Pamplona, en la vuelta, es el paseo por la calle Estafeta imaginando los morlacos rugiendo tras los mozos y anticipando la entrada a su plaza frente al retrato insigne de Hemingway. Balcones llenos de color, tabernas de pinchos inimaginables, y algarabía y bullicio. Pamplona es murallas también, es innumerables parques cuidados en verde impoluto, es Navarra comprimido en una ciudad grande y pequeña, moderna y tradicional, de rincones exagerados y gentes expectantes. Es su Ciudadela y su plaza del Castillo, es ese balcón del Ayuntamiento de chupinazos y universalismo, que impregna todo. Pamplona es deleitarse en el aperitivo con la imaginación en el Gaucho  http://www.cafebargaucho.com, con un café en su plaza mayor y con el sol que va iluminando el descenso a la llanura hasta Olite, hasta que el Otoño vuelva a meterse en nuestras retinas para comprender la razón de los colores.

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A Zermatt se llega en taxi o en tren desde Visp, que lo rinde pleitesía desde la distancia. Una vez allí hay que moverse en coche eléctrico por eso de la ecología y el medio ambiente, por su condición de lugar privilegiado.En verano la estación se llena de turistas atraídos por las impresionantes vistas del Mattehorn (Cervino para los italianos), el MonteRossa y el Gonergrat. Las rutas de montaña, la posibilidad de esquiar a mas de 3000 metros y las paredes de roca imposibles, lo hacen un paraíso del deporte al aire libre y de aventura. También de lo sofisticado y lo chic, como un espejo fiel de lo que uno se imagina de Suiza.

Casas y hoteles están cuidadas exquisitamente, como si alguien las hubiera depositado en un lienzo abigarrado de maderas nobles,aguas blancas glaciares y montañas asesinas. En Zermatt no hay tiempo, ni ruido. Parece que alguien dio instrucciones antes de llegar allí.

El  Coeur des Alpes anda en medio del pueblo, levantando su silueta recortada de tejados de madera sin mucho ruido. La conductora de cochecito eléctrico dice que es el mejor hotel de Zermatt. Bien por la fidelidad al que le paga. En Zermatt al llegar, estás noqueado para comprender demasiado.

Entramos por una pasadizo excavado en la roca que le da un aspecto clandestino, como de bunker atómico. La primera imagen  dos arañas de Swarosky de cristal negro colgando de un techo del que podrían dibujarse estalactitas. Un pasillo alargado y tenuemente iluminado.Un ascensor de cristal. Subimos abobados y contemplamos a nuestros pies un elegante spa donde varios críos rubios chapotean en una majestuosa piscina que imaginamos caldeada. Paramos. Entrada del hotel.

Un tipo de unos cuarenta y cinco, melena rubia cuidada, sonrisa profident y aspecto relajado se apresura a recibirnos. A su lado alguien que podría ser su mujer o su hermana nos tiende la mano. La vista es espectacular. Sillas de diseño imposibles enmarcando un sala de estar con suelos de cristal, espacios abiertos llenos de luz con cristaleras que anticipan el Cervino, un coqueto bar que antecede a un gimnasio.Nada chirría , todo parece armónico y estudiado.Nos sugieren que dejemos las maletas y nos relajemos.Parecemos Paco Martinez Soria a punto de ser lobotomizados. Al salir una chica de unos veinte, también rubia y armónica, se apresura a entregarnos dos copas de champán como bienvenida.No sé en qué momento se van a quedar con nuestras maletas.La boca abierta. La terraza es puro espectáculo.

El Mattehorn, majestuoso en primer plano con su silueta blanca y afilada, compite con una piscina rectangular a ras de un suelo de mármol, completado por dos sillones blancos de piel donde una pareja reposa anestesiada haciendo que lee un libro. Al otro lado, un apartado donde alguien parece beber un gin tonic con la mirada perdida. El dueño nos sugiere que nos olvidemos del tiempo, de las maletas y de la habitación y que disfrutemos. Se recuesta en el sillón y sugiere si somos españoles. De donde quieras.

En cualquier momento imaginamos que alguno de los niños rubios que vemos en la recepción va a irrumpir sonriendo y nos va a traer un millón de dólares en una maleta también de diseño. Es cuando descubrimos que de la piscina empieza a salir un sospechoso vaho que nos vuelve a impresionar. El agua está caliente.Las nubes van empezando a cruzar tímidamente la silueta del Cervino cuando el tipo rubio nos anima a hacer un pequeño tour para conocer el hotel. Somos autómatas en ese momento. Todo en el hotel son espacios abiertos en cristal para aprovechar la radiante luz de la montaña suiza en verano; la sala de musculación, el glass bar, la terraza con tumbonas de madera, los techos abohardillados. El diseño luce en las paredes a modo de bocetos que estudian desde el detalle del apoyabrazos de un sillón, hasta la estructura de poleas del esplendoroso ascensor. Al SPA se accede desde la habitación contemplando el majestusoso paisaje en todo momento. En la sala que antecede al Hamman uno puede tomar todo tipo de tés con dátiles y nueces mientras se relaja en camas de calor.

Hay en el Coeur varios tipos de habitaciones y lofts espectaculares de espacios diáfanos, donde la luz parece hacer daño. Todo entendemos ha sido levantado por una sola familia, que gestiona el hotel como si tuviera el objetivo de hacer al visitante flotar, no darse cuenta. La experiencia de bañarse en una piscina de agua caliente en la noche a los pies de un coloso nevado de cuatro mil metros es difícilmente explicable, y los desayunos, y la atención, y aquello que pagas por lo que recibes. Tal vez el Coeur sí es el mejor hotel de Zermatt, solo tal vez.

Abajo en el pueblo todo parece fluir como si el mundo siempre transcurriera de esa manera, como si no pudiese existir un modo de vivir diferente.Como si la vida siempre hubiera sido así de “bonita” .

http://www.coeurdesalpes.ch/

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